Verbo y Gracia (Con respecto a la última entrada)

Transcendencia 2.0 (Parte 2)

Nada se parece tanto a la ingenuidad como el atrevimiento.
Oscar Wilde

Hasta hace relativamente poco, la labor de hacer mercado me parecía bastante apetecible. La idea de caminar en soledad por los corredores de los almacenes, seleccionando poco a poco el haber de mi despensa con lo que yo considerase apropiado me daba cierto solaz, lo hacía con parsimonia, con tranquilidad, con inclusive devoción. Sin embargo, y como suele hacerlo este  mundo desalmado, ese espacio rodeado del confort de la soledad en compañía me fue prontamente arrebatado. Sucedió una noche de domingo, cuando me encontraba en mi silencioso ritual, pensando en todo y sin embargo en nada; llegó el momento de tomar el jabón que utilizaría para lavar mis ropas y mi mano se levantó hacia donde se encontraba con regularidad el producto con el que normalmente suplía mi necesidad, allí sin embargo, se encontraba otro jabón, uno que decía con tranquilidad “cómprame para ser mejor persona”, este jabón, se promociona hasta hoy como “ecológico”.

Por su puesto mi asombro no se hizo esperar, y al no reconocer mi usual elección, dejé el producto tal y donde lo encontré mientras con la mirada relocalizaba mi detergente de confianza, noté entonces que este movimiento había seguido por una pareja que en este momento me miraba impasible, con ojos llenos de reproche, dado  que notaron como al momento de mi elección, decidí rechazar el producto que cuidaba del planeta tierra, producto que después de esta mirada displicente pasaron a tomar, hablando entre ellos después sobre lo increíble que es ver a alguien sin conciencia del mundo.

Esta experiencia no solo me mostró que mi santuario había sido violado, sino adicionalmente, me reveló una creencia altamente propagada-no por ello cierta- que ha venido ganando terreno cada vez con mayor velocidad, que pasaré a explicar en este momento.

Dado el incremento de adalides en la causa de salvar al planeta, hay aquellos que  consideran a los pocos que quedamos en un espacio intermedio entre la lucha incansable por las especies y el bienestar de todo el medio ambiente y las multinacionales que viven del sector hidrocarburos como una suerte de apáticos indeseables, en especial, las partes más recrudecidas de este pseudo-conflicto. Los más fundamentalistas entonces nos miran con profundo desagrado, como rebaños descarriados que requieren oír la buena nueva de la salvación del planeta, sin embargo y para hacer honor a la verdad, es muy posible que se equivoquen.

Muy poco consideran los nuevos cruzados que en realidad, su causa podría resultar uno de los grandes fraudes de la historia del uso del sentimiento de culpa. Es altamente posible, que en realidad, las grandes multinacionales se hayan percatado del intento de la mayoría de ciudadanos con alta capacidad de consumo de “salvar el planeta” y hayan empezado a manufacturar productos amigables con al ambiente y poner en práctica políticas corporativas para reducir su huella ambiental y así reconducir al rebaño de nuevo a sus establos, siempre bien proveídos, de sus innúmeros productos.

De este modo, los campeones del cambio moral y la nueva apropiación del medio ambiente terminan por convertirse en los mejores agentes de propaganda de las mismas organizaciones contra las que han dado una larga batalla, dado que cuando los quieren hacer ver como villanos, los convierten más bien en paladines de la causa que camaleónicamente empiezan a producir productos de bajo impacto ambiental, que se vuelven los favoritos de público para quienes esto es deseable. Paralelamente a este hecho, hay que tener en cuenta que mantener cadenas productivas y comercializaciones con reglas medio ambientales salubres no es tarea fácil, lo que equivale a decir que no es una tarea barata, por este mismo hecho, solo compañías de gran músculo financiero y humano pueden efectivamente darse el lujo de invertir en cambios de producción anticipando no solo una curva de pérdida al principio, sino para empezar, el solo costo de realizar los estudios.

Esto redunda por supuesto en que las pequeñas compañías que no pueden costear políticas medioambientales sanas, sean cada vez menos visibles para el público así como sus productos, lo que en últimas significaría una desaparición del mercado, lo que posibilitaría una de dos cosas, la compra de las pequeñas y menos desarrolladas compañías por otras mayores o la posibilidad de que esa sección de mercado sea efectivamente capitalizada en la práctica por la compra de estos productos de proveniencia ambientalmente amigable.

En últimas esto se remite a las  normas básicas del capitalismo de oferta y demanda, donde los productos altamente demandados desplazan la demanda de otros productos, ya que en este caso y para aquellas personas con conciencia ambiental elevada, siendo cada vez más, un bien que no cumple con estándares de pulcritud con el medio ambiente no es sustituto de un bien que si lo hace. De este modo y una vez más, las personas con buenas intenciones pero con corta visión se convierten en la campaña viral de las corporaciones de las que nunca pudieron efectivamente librarse.

Difícilmente haya una solución sencilla para la crisis del capitalismo convulso que dada su maleabilidad, puede mantenerse vivo en la forma que prefiera, bien en el neoliberalismo salvaje, o bien en los Estados socialdemócratas, posiblemente la respuesta esté como siempre en una pulcritud más allá de la humana, que permita pensar que la economía es también una disciplina que requiere de reglas de comportamiento y no de descripciones sin soporte.

Común (cuando no se ve lo que no se ve, no se ve que no se ve)

Ejercicio de Estilo

Las tardecitas de domingo, traen ese leve dolor de cuello.

Mientras me siento en el jardín a  observar la puesta de sol entre los edificios. siento como ese dolor el cuello se va instaurando a medida que entra la noche.

Esta noche se espera un aguacero, el de ayer me hizo pensar que el techo de la casa se caería. no se cayó, lo que si cayó fue una inmensa cantidad de agua y la pesadumbre de tener que llamar al dueño a avisarle que ahí está de nuevo esa gotera.

 

Toca entonces preparar la semana,  pensar que este fue otro fin de semana, donde el sexo no estuvo por ninguna parte, que llevo un más de un mes  sin fumar marihuana, solo para demostrarme que  no tengo un vicio, que  me queda la duda si es mejor la vida sobrio… como es socialmente aceptado el viernes me tomé unos aguardientes en la casa y se me borró el cassette,  siempre me pasa con el aguardiente y también como siempre pasa tuve que pasar todo el sábado con sentimientos de culpa y con un terrible daño de estómago y dolor de cabeza.

Hasta ahí llego el plan de ir a comprar libros, porque además no tengo muy claro cuál comprar. Y hasta ahí me llegó la idea de invitar a salir a esa jovencita que me mueve el piso. Definitivamente hubiese sido mejor fumarme un porro que tomarme los guaros.O mejor aun, ahora sí cumplir la promesa de dejar de tomar. lo que sucede es que los estados alterados de conciencia, la borrachera, la traba… me parecen higiénicos para el alma. me parece que sacan un poco los demonios que habitan dentro. 

 

esta tarde viendo videos  me topé con una frase maravillosa de Groucho Marx, no la recuerdo exactamente, y la costumbre de navegar en Internet  con la navegación privada me impide devolverme para  volver a verla. el hecho fue que Bill Cosby le preguntaba que si había vida después de la muerte, y Groucho contesta que  de lo que está seguro es que no sabe si hay vida antes de la muerte. Un genio el viejito este.

 

Esta mañana me fui a la ciclovía. Me gusta ir… a lo que van todos, a ver viejas. Me gusta ir por el barrio de los ricos,  mirar sus costumbres y patear algunos de sus perros. tuve tiempo de entrar a una librería pero no llevaba la lista de libros que quiero. Solo pude averiguar por una biografía de Robert Mapplethorpe que no tenían. Era de lo único que me acordaba porque llevaba a Patti Smith en los audífonos.

Esta semana además no tengo que leer.

 

Ya llegó el aguacero y me tocó entrarme, con mi dolor de cuello, ese que me dice que mañana hay que madrugar. que desde hace dos meses muchos de los días son iguales, que se ha perdido la pasión por  todo, pero que no me puedo quejar porque tengo trabajo y vivo  como vivo. No me falta nada, pero me falta todo.

 

Luego un mensaje de ella en el celular… ¿cómo estás?

Muy bien - contesto yo-

-que hiciste de fin de semana?-

-… -

y toca de nuevo inventar una historia  para que mi vida parezca un poco interesante.

 

Ahora no se oye ni para escribir, gracias lluvia y techo de Zinc, como diría Tomás Gonzáles, quien hace algunos domingos me los hacía mas livianos.

Zentido

Revolver Enfield

Revolver Enfield

Ejercicio de Estilo

La gonorrea que me mató se llama Edwin, -yo lo conocí en un bus que bajaba de Caldas para Medellín.  -Me acuerdo que ese día, apenas me subí al bus,  me puso el ojo encima.

El iba sentado en el puesto del pasillo justo antes de la última banca, como mi amiga se sentó en  el puesto de  las putas de la banca de atrás me  tocó  quedarme de pie, justo al lado de Edwin.

El me miraba  de reojo y por debajo del pelo alcanzaba a ver sus ojos.

-  si es cierto que le pegué un par de veces con el morral que estaba pesado, pero juro que fue sin culpa-

ante la mirada insistente de el empecé a  ponerme nerviosa y mientras avanzaba la conversación con mi amiga, empecé también a mirarlo.

 

lo  primero que noté fue los tatuajes,  se le alcanzaba  a ver la mitad de uno que se le subía por el brazo izquierdo  hasta esconderse en la camisa.  el otro eran unas letras en el antebrazo y  ese era hecho a mano.

 

En  el antebrazo derecho tenía una cicatriz no muy vieja de una cortada profunda y larga. Parecía de cirugía por la precisión de la cortada. derechita.

 

de la cara no me acuerdo muy bien, pero si de sus ojos, eran grandes y lindos.

detallé todo su cuerpo intentando calcular la edad. estaba segura de que no eran más de veinte años.

 

Como a mitad del recorrido por la estación de el Poblado. una de las personas le dio por bajarse.

Edwin me miró a la cara y me dijo que dejara sentar a su amigo que estaba en otra banca.

Mi amiga y yo nos quedamos en la banca de atrás de  ellos.

Ellos conversaron como lo hacen los  jóvenes, con ese acento tan particular y esas palabras.

A la altura  de  industriales sonó algo en el suelo, un sonido de cosa pesada que cae sobre el suelo latoso de un bus.

Vi como Edwin se agachó por el espacio de las sillas y por ese mismo espacio, leí en sus labios un - se me calló el fierro. - Pasado por un una amplia sonrisa. Los hizo mirándome a los ojos y sabiendo que lo estaba mirando.

 

no se por qué me hice la loca. seguí hablando con mi  amiga que se bajaba en la estación Alpujarra.

 

me despedí y seguí sola mirando por la ventana.

 

 A la altura de la estación del parque Berrio  me levanté para bajarme. enseguida supe que los muchachos se habían bajado detrás de mí. Pagué con dos mil pesos y no esperé la devuelta.  miré para atrás y vi a Edwin y a su amigo que me seguían.

apuré el paso,  pero enseguida oí el - Oé monita. - Sabía que era conmigo así que voltee para mirar.

 

apenas giré vi que Edwin tenía el revolver en la mano y me apuntaba…

 

Solo oí dos disparos, y ahora estoy mirando al cielo que está azul  y empieza a caer la noche.

 

De lejos se escuchó un grito -Abrámonos gonorrea. Edwin la mataste.- por eso supe que se llama Edwin.


Zentido

La ciudadDices: “Iré a otra tierra, hacia otro mar

y una ciudad mejor con certeza hallaré.

Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,

Y muere mi corazón

lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.

Donde vuelvo los ojos sólo veo

las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí”.No hallarás otra tierra ni otro mar.

La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles.
Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;

en la misma casa encanecerás.

Pues la ciudad es siempre la misma.
Otra no busques -no la hay-
ni caminos ni barco para ti.

La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra.( Constantino Cavafis)     Nunca pensé que le escribiría a la ciudad. Me fui de ella a los 22 años, buscando quizá lo que que dice el poema. Y como él, me pasó lo mismo.     Me fui con la certeza y la esperanza de que nadie  se cría en la abundancia. Y eso tenía para mí en ese momento Bogotá, ahora todavía lo tiene.    Formarme en otra ciudad, en una ciudad intermedia, ha sido un ejercicio interesante. Acá he cultivado amistades que se que perdurarán para toda la vida. además me vine buscando el rastro de un abuelo al que no conocí y del que he comprobado que tenemos mucho en común. no solo  el amor por el ron, el cigarro y la poesía, Tenemos más. sin duda alguna una de las mejores cosas que me ha pasado desde que me fui de la ciudad, es el hecho de volver a ella. de ver su gente, encontrarme con los viejos amigos, de toda la vida.  Verlos crecer y como construyen una vida. Yo a la distancia procuro hacer lo mismo.      Encontrar la alegría de mi Madre que me espera así vaya solo de paso, y me da un café de esos que me gustan tanto. me fui con la firme intención de formarme un futuro mejor. Ahora creo que es el momento de volver…  

La ciudad
Dices: “Iré a otra tierra, hacia otro mar


y una ciudad mejor con certeza hallaré.


Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,


Y muere mi corazón


lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.


Donde vuelvo los ojos sólo veo


las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí”.
No hallarás otra tierra ni otro mar.


La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles.

Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;


en la misma casa encanecerás.


Pues la ciudad es siempre la misma.

Otra no busques -no la hay-
ni caminos ni barco para ti.


La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra.
( Constantino Cavafis)

    Nunca pensé que le escribiría a la ciudad. Me fui de ella a los 22 años, buscando quizá lo que que dice el poema. Y como él, me pasó lo mismo.
    Me fui con la certeza y la esperanza de que nadie  se cría en la abundancia. Y eso tenía para mí en ese momento Bogotá, ahora todavía lo tiene.
    Formarme en otra ciudad, en una ciudad intermedia, ha sido un ejercicio interesante. Acá he cultivado amistades que se que perdurarán para toda la vida. además me vine buscando el rastro de un abuelo al que no conocí y del que he comprobado que tenemos mucho en común. no solo  el amor por el ron, el cigarro y la poesía, Tenemos más.
sin duda alguna una de las mejores cosas que me ha pasado desde que me fui de la ciudad, es el hecho de volver a ella. de ver su gente, encontrarme con los viejos amigos, de toda la vida.  Verlos crecer y como construyen una vida. Yo a la distancia procuro hacer lo mismo.
     Encontrar la alegría de mi Madre que me espera así vaya solo de paso, y me da un café de esos que me gustan tanto.
me fui con la firme intención de formarme un futuro mejor.
Ahora creo que es el momento de volver…  

De mis encuentros con la justicia (Humana)

A María, quien busca con afán mis demonios, bien sea para dormirlos o bien para despertarlos.

Sin piedad la justicia se torna crueldad. Y la piedad sin justicia, es debilidad

Pietro Metastasio

A pesar de mi profesión, ha habido más bien pocas ocasiones en las que me he visto inmiscuido en los desagradables y somníferos trámites del sistema judicial colombiano, o por lo menos  por mi propio nombre y cuenta. Todo en el sistema me parece atroz, desde edificios mal llevados y que pugnan con la dignidad humana de empelados y usuarios hasta el diseño mismo del nombre de “administración de justicia”; como si la justicia pudiese dosificarse o entregarse de manera parsimoniosa y hubiera una cantidad limitada que debiera repartirse por una ecuación a los ciudadanos. Sin embargo no es de ello de lo que quiero hablar ahora.

Solo quiero relatar en este espacio las tres ocasiones en las que me vi engarzado en el torbellino de espinas y alambre de este sistema, pequeños fragmentos que me hablan del todo. La vez primera, ocurrió hace ya algunos años, cuando por pedido de un amigo muy cercano tuve que hacer una tutela para que una EPS tuviera a bien entregar un par de baterías mensuales a un conocido que posee problemas motores y auditivos de muy seria naturaleza a pesar de no contar con mucha edad, las baterías constituían al mes una afectación mayor a un patrimonio muy erosionado que no podía aceptar la carga que le imponían estos repuestos mensuales. Procedí entonces con la acción y en 10 días el fallo del juez fue favorable a los intereses de quien me solicitó el escrito. No creí en la necesidad de cobrar nada por mis servicios y entonces me sentí satisfecho con el resultado.

La segunda vez que me vi en el entramado jurídico fue cuando, una noche de 30 de diciembre, 4 sujetos me arrinconaron y tomaron lo poco que en ese momento llevaba en los bolsillos. Tuve la buena fortuna de encontrar rápidamente un CAI y de recuperar mis pertenencias; empecé una acción penal en su contra por hurto, acción que terminó en un pago de algunos perjuicios.

La última vez que tuve que aparecen ante el estado judicial fue en la causa de los padres de un amigo muy cercano, que querían recuperar un apartamento cuya inquilina los había burlado por más de un año con promesas de pagar lo adeudado, cosa que jamás sucedió. Tuve en esa ocasión éxito y el juez falló en favor de los padres de mi amigo.

Pudiera pensarse que el éxito en los tres casos me dejaría conforme o me aportaría cualquier tipo de satisfacción, pero no es el caso. En cada uno de los tres tuve que ver de primera mano tanta verdad mezclada con mentira, tanta justicia opacada por ineficiencia, tanto dolor y tanta pérdida que no quisiera jamás volver a interactuar con la jurisdicción. La tutela, siendo un medio maravilloso, debe estar instituida para cumplir el fin de dar voz a quienes sencillamente no pueden tener otro medio de defensa ante los desmanes delestado o de lo otros ciudadanos, en el caso que atendí, me queda la duda sobre si la familia de aquella persona discapacitada podría haber subsidiado las baterías de sus audífonos, o si el mismo podría haberlo hecho. De ser el caso, mi actuar engañó al juez y le dio una percepción equivocada del caso, por lo que pude salir con la victoria. Y de ser este el caso, usé dinero que bien pudo ser empleado en la atención de alguien que verdaderamente no pudiera permitirse ese pago so pena de no comer, o de lo que es peor, de no existir.

Sobre el atraco que sufrí, tres de los cuatro individuos no presentaron siquiera una cédula de ciudadanía, y por lo que pude entender, eran delincuentes de oficio, personas que realmente se dedicaban- o dedican, solo lo sabe el creador- a desposeer a la gente de sus bienes para vivir de ellos en la clandestinidad. Uno de ellos sin embargo, era un estudiante que seguramente tomó una mala compañía y una mala decisión, quien fue finalmente quien pagó los perjuicios y quien atendió al proceso judicial, proceso que seguramente, dejó una mácula en su registro, haciendo improbable que pueda conseguir el día de mañana un trabajo en condiciones dignas del que pueda vivir. De los otros tres nunca supe más, nunca comparecieron al proceso, y seguramente, si así la providencia lo ha dispensado, prosiguen su conducta hasta hoy.

Por último, no me queda sino pensar en la mujer a la que saqué, con ayuda del juez y la policía, del apartamento de los padres de mi amigo.Aquella mujer sostenía a sus dos hijos y a su madre, que tuvieron que salir al filo de la diligencia de desalojo que les corría encima, de manera apresurada y veloz, quien sabe a donde y quien sabe a que.

No paro de meditar sobre estos hechos, no paro de pensar en cual era la justicia que perseguía y cual fue, la efectivamente concedida, no puedo evitar sentirme mal por aquellos al otro lado de la balanza impávida y fría de Temis, que si bien actuaron de manera injusta, merecían dignidad y respeto, por la misma idea de ser humano que nos cobija, desde el criminal mas avezado y letal hasta el mejor y más probo de los ciudadanos.

En cuanto a mi, he forjado mis demonios a pulso, mis fantasmas de contienda, que me atormentan y me reclaman por una ética de conflicto y de lo contencioso que aún se me escapa, y que cuando logro articular, cae a las manos de la práctica, que solo ordena y pacta con fiereza aquello que ahora solo me causa llanto, la justicia anhelada, que no veo en este mundo arrodillado ante la praxis.

Común (vencido en los términos en que escogí)

Sobre la libertad de elección (o de los límites de la voluntad)

LEGAL DISCLAIMER: El presente texto será publicado a la brevedad en un medio distinto a este, sin embargo, me tomo la libertad de publicarlo aquí primero, porque se me antoja tal.

Si no tienes la libertad interior, ¿qué otra libertad esperas poder tener?

Arturo Graf

 La libertad significa responsabilidad. Es por eso que la mayoría de los hombres la ignoran.

George Bernard Shaw

 Las últimas elecciones de alcaldes y gobernadores en Colombia siguieron, sin mucha sorpresa, el rumbo de sus antecesoras. No me refiero a la elección de candidatos o a las preferencias y filiaciones políticas de los mismos, no me refiero tampoco a las propuestas de los aspirantes y sus medios para exponerlas, tampoco hablo de las ya usuales técnicas de desprestigio contra los rivales de turno. Me refiero a otro fenómeno, otro más sencillo y que tal vez ha pasado desapercibido durante tiempo suficiente, pero ha sido siempre invitado silencioso a nuestros encuentros democráticos, posiblemente hasta ahora puedo notarlo y darme cuenta que siempre estuvo ahí,  como dice aquel viejo proverbio del libro de Eclesiastés: Nihil novum sub sole.

Antes de describir este mal sigiloso e inmanente, empezaré por revelar de manera pública mi opción de sufragio y las razones por las cuales lo ejercité en ese sentido en lo referente a las elecciones de alcalde en la ciudad de Bogotá: voté en blanco y lo hice movido por la íntima convicción de que no existía en aquellos que se postularon las calidades que en mi sentir son necesarias para dirigir los rumbos de esta ciudad de la que soy natural. Pensé así mismo en la anulación del voto, como también en no presentarme siquiera a votar.

Valoré toda opción posible, y vi en la abstención y en la anulación del voto alternativas también democráticas y valederas, sin embargo, el voto en blanco llamó mucho más atención por su poder significativo: la elección de no elegir, de manera abierta, clara y transparente.

El ejercicio de la libertad en la democracia puede inclusive tomar la forma de su negación y eso precisamente, es el valor primordial del entendimiento de los derechos en las democracias actuales, del poder y la responsabilidad que pone en el individuo, que es absoluta y primordial. No puede pasarse de vista ni por un segundo que todo derecho deriva o tiene una importante vertiente en el de la libertad, del ejercicio responsable de las prerrogativas personales en sociedad y como el equilibrio de estos derechos genera sin duda el bienestar político: esta es la utopía y el norte que muchos se han fijado, no alcanzándoles una vida entera para poder reclamar el tesoro de la paz social, de la armonía y el equilibrio.

Toda esta disquisición teórica generó un voto en blanco, un silencio en la palestra, el momento de actuar vertido en la inactividad. Solo supe unos días después el real por qué de mi decisión, entendí finalmente que no estaba oponiéndome a los candidatos, sino que estaba invirtiendo un voto en mi, que posiblemente la calidad de estos adalides de sus causas no era aquello lo que me molestaba, sino lo que todos en conjunto representan, que al final, no se trataba de un problema de filiación política, sino de vocación espiritual, en fin, descubrí que los votos no hacen la diferencia.

Esta aseveración podría resultar odiosa e inclusive anarquista en el entendido de la democracia como la entendemos actualmente, sin embargo, como un aparente detractor, y teniendo por bandera la libertad de mi pensamiento, prosigo a explicar si el lector desea darme la indulgencia de su lectura más allá de este punto.

Mi epifanía democrática provino de la desazón de corroborar, elección tras elección, la esperanza excesiva que las personas suelen poner en sus dirigentes, como si los individuos, por mas preparación y buenas intenciones que aparentemente pudieran tener, generasen con su fuerza de voluntad cambiar el rumbo de la historia, como si, al decidir poner a la cabeza de un mandatario de cualquier orden ciertas obligaciones, se solucionara de manera automática toda problemática vigente al momento de la elección.

El pueblo que ejecuta este tipo de movimientos no pretende menos que una hazaña de la más alambicada taumaturgia, pretendemos no menos que aquellas tribus judías moradoras de los desiertos, que por medio de rituales mágicos traspasaban a cabras-o chivos- los pecados de la comunidad entera, para después librar al animal a su muerte segura en las arenas, seguros de haber dejado una vez más a la comunidad libre de todo pecado, de ahí proviene la figura del “chivo expiatorio”.

Ese chivo expiatorio es lo que se pretende con elecciones con tan extremas expectativas, desprender de la responsabilidad individual del ciudadano su deber de crear con su conducta y su actuar una sociedad más llevadera, una organización más justa, una vida más tranquila para sí y para todos los que con el conviven es dejar de lado todo tipo de responsabilidad sobre nosotros mismos. Esa es la justificación de mi proceder, mi apología y mi razón última, creo más en la autonomía del individuo pensante que en la masa que con se arremolina alrededor de su candidato.

En últimas y a pesar de un mensaje un tanto ambiguo, mi punto está fincado en la creencia de que poner con un voto la responsabilidad,  las culpas y pecados en hombros de una sola persona resulta a todas luces una irresponsabilidad. El llamado entonces es a asumir la carga del ser, de existir en los términos de la libertad, es decir, aceptando las consecuencias de los actos que se ejecutan y lo que ellos conllevan. Estas cortas líneas son precisamente eso, un acto de responsabilidad ante mí mismo, ante los lectores, para aceptar que soy libre con todo lo que ello conlleva.          


Común (A momentary lapse of reason)

by Zentido, ccr. bs,as

by Zentido, ccr. bs,as

Conversación directa

Conversación directa.

 

Tuve la maravillosa oportunidad encontrarme con un personaje que no veía hacía algún tiempo.

 

Bueno el hecho fue que me lo encontré y compartimos la novedad de cerveza que salió al mercado, que no me disgustó del todo. Como siempre con ese hombre terminamos tomándonos unos tragos de más… pero bueno…

 

Cuando yo  me sorprendí hablando (casi siempre digo cosas que no entiendo o no manejo)

Estábamos hablando de la confianza.

 

Para hacer un dialogo, que es como quiero que sea presentado este post. Voy a poner una N cuando hable N , y una Z para cuando hable yo. (hay que tener en cuenta que ya tenemos varios tragos en la cabeza,  que yo no pongo atención cuando hablo y que ya tenemos algún rato hablando)

 

N:  -Mataría porque cuando alguien me pierda la confianza me lo dijera

Z:  -En especial si es un amigo al que uno valora

N:  -Si exactamente, si me lo dijera, mataría por recuperar la confianza

Z:  -Que no fuera eso de  “A el  le perdí la confianza”, yo me abro, o lo abro-

N:  -Así mismo, si de verdad lo aprecio y meto la pata con algo, o me perdió la confianza:     ¡que me lo diga, yo miro a ver como la recupero.

Z:  -hagamos lo siguiente, si usted me pierde la confianza me dice.

N: -listo, claro y viceversa.

 

 

Z: -Claro, oiga, le perdí la confianza.

N: - Eso tómese otro trago

Z:  listo

 

Zentido.